Detenerse es, para
mí, una capacidad fundamental para sobrevivir en el remolino de la ciudad y la
vida laboral. Los ciclos y las distintos procesos que nos atraviesan al correr
de los días tienen una fuerza que puede desencadenar en nosotros las más
diversas actitudes y reacciones.
Muchos utilizan este
vaivén de stress/relax para su propio bien, utilizando las motivaciones en una
parte de su vida y evadiendo la angustia con distintos mecanismos. Poner un
freno en un lugar preciso, a una reacción generada por el entorno, no nos da el
poder de decidir sobre nuestros actos porque, de hecho, es algo que tenemos
desde siempre. Sin embargo, parar un aluvión de pensamientos en una reacción
nos da la oportunidad de ver con claridad, dar un paso atrás y observar los
hechos sin problemas.
El movimiento de la
vida es pendular, en movimientos más largos o más cortos, todo va y viene sin
cesar, lo positivo tiene su contrario y viceversa.
Las mejores personas
que conozco no tratan de frenar el movimiento, se mueven al compás, pero saben cuándo
frenar y bajarse para mirar como todo va para atrás, convirtiendo los errores
en aprendizaje disfrutando las idas y aprendiendo de las vueltas.
Lo mejor de todos ellos es que me han enseñado cuando me tengo que bajar, son ellos verdaderos maestros.

asd
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