sábado, 13 de junio de 2015

La habilidad de frenar

Detenerse es, para mí, una capacidad fundamental para sobrevivir en el remolino de la ciudad y la vida laboral. Los ciclos y las distintos procesos que nos atraviesan al correr de los días tienen una fuerza que puede desencadenar en nosotros las más diversas actitudes y reacciones.

Muchos utilizan este vaivén de stress/relax para su propio bien, utilizando las motivaciones en una parte de su vida y evadiendo la angustia con distintos mecanismos. Poner un freno en un lugar preciso, a una reacción generada por el entorno, no nos da el poder de decidir sobre nuestros actos porque, de hecho, es algo que tenemos desde siempre. Sin embargo, parar un aluvión de pensamientos en una reacción nos da la oportunidad de ver con claridad, dar un paso atrás y observar los hechos sin problemas.

El movimiento de la vida es pendular, en movimientos más largos o más cortos, todo va y viene sin cesar, lo positivo tiene su contrario y viceversa.
Las mejores personas que conozco no tratan de frenar el movimiento, se mueven al compás, pero saben cuándo frenar y bajarse para mirar como todo va para atrás, convirtiendo los errores en aprendizaje disfrutando las idas y aprendiendo de las vueltas.

Lo mejor de todos ellos es que me han enseñado cuando me tengo que bajar, son ellos verdaderos maestros.

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